Categoría: Textos de amor

Esta sección comprende tanto los textos de amor escritos por nuestro redactor, como textos de autores famosos a los cuales añadimos nuestro comentario, destacando aquellas características y aspectos que nos resultan más atractivos. En todos ellos el amor ocupa un papel muy importante. Puede tratarse de amor romántico o de cualquier otro tipo de amor.

Textos de amor escritos por nuestro redactor

Como ya os hemos adelantado, aquí os dejo con una lista de textos de amor escritos por el autor invitado Carlos Sánchez, ¡que los disfrutéis!

Amor salvaje

El vacío. La monotonía. La polución. El dolor de cabeza. La multitud. El picor del agua con cal de la ducha.

La inocencia. La primera vez de las cosas. El descubrimiento de las sensaciones. Los olores. Los juegos junto al mar, de niños. La risa contagiosa, los sueños por cumplir. La libertad de los domingos en el campo y las tardes de lluvia. Una tierra prometida más allá de este frío, donde sin pecado arde el deseo. Un lugar donde perder la cabeza y encontrarla, sin razón. Olvidarme del ayuno, la falta de tiempo y las obligaciones. Un sitio en el que el amor no duela y sea algo por lo que vale la pena vivir. El motor triste de un mundo en peligro de extinción.

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Amor a una profesión, a un deporte. Amor de madre. Amor al arte, amor salvaje. Calor en invierno. Un sol lleno de llamas. Etéreo, inmenso, poderoso y sin condiciones, como el cielo. Intangible, silencioso y de verdad.

El secarral mágico

Este escrito defiende el amor por las cosas sencillas, como el alma de ese niño, que atento contempla el misterio de la vida. Ese niño que todos llevamos dentro, es el que nos hace seres humanos de carne y hueso, imperfectos y atractivos. 

Corre el niño tras el lucero del alba. Cree que puede alcanzarlo. Impaciente y temerario, desafía las fuerzas del mar. Se tira de cabeza, adentrándose en sus peligros. Se pierde entre olas de ocho metros, que lo voltean, llenando sus brazos de arañazos. Así se divierte su alma de pececito. No tiene escamas en su piel caliente, suave como la seda. El recuerdo del mar retumba en sus oídos. Respira y se engrandece su pecho, desahogando la emoción en suspiros de sal.

La gente se burla de él, por escuchar cantos de sirena en el interior de las caracolas.  Camina solo y pierde una batalla, pero no acepta la derrota. Abre sus ojos canela y vuelve a enamorarse del horizonte rojo del atardecer. Guarda el sentimiento en su gorrito blanco de marinero y arroja su ilusión por la borda, como la regalan las novias cuando lanzan el ramo.

Amor por las cosas sencillas

Contempla curioso el águila que se posa en los campos de Galicia. Los rayos del sol disipan las nieblas y el ave bate sus alas, majestuosa. Envidia su libertad. Ama las pequeñas cosas que dan color a su vida. Esas que no valen dinero. Tan simples, puras y bellas, como la magia que brota verde del más triste secarral, o el misterio que extiende el silencio entre el implacable calor del verano.

Mermaid Lagoon

No permitas que el fin de un amor te conduzca al miedo. ¿Me acompañas a Mermaid Lagoon? Te invito a encender el botón de tu fantasía. Deja volar tu imaginación y recuerda la fuerza que hay en ti. Canaliza tus emociones y podrás convertirlas en fuerza y valentía. Si quieres, puedes. No renuncies a todo lo que está por venir. Cree en ti, pues como dijo Mahatma Gandhi: “La fuerza no proviene de la capacidad física, sino de una voluntad indomable”.

Un golpe de viento te acuna a media noche. Una sombra en la pared te invita a seguirla hacia un nuevo lugar. Un poco de polvo de hadas, y tu cama empieza a levitar sin que te despiertes, como una alfombra mágica. Más allá de la oscuridad de los cuentos de terror, de la ácida lluvia que inunda en ocasiones tu débil alma, sigue el camino hasta la segunda estrella a la derecha.

Llegarás a un lugar en el que no existen nombres ni nacionalidades. Tampoco el dinero, las enfermedades, los insultos o el desamor. Aquí nadie juzga al libro por su tapa. No necesitarás llave para abrir puertas. La contraseña para entrar en este mundo de valientes consta de cuatro dígitos. Invéntatelos. No podrás perder tu DNI, ni tan siquiera te pedirán tu huella dactilar, porque tu mirada te abre el paso. Ya no te hará falta dejar a tu niñez de lado, porque volverás a experimentar aquella imaginación de la inocencia. El cine será gratis y los piratas invadirán tu pequeña barquita en “Mermaid Lagoon”. Tus camaradas, invisibles e intrépidos,  se guiarán por tu fiero grito de batalla. Tu mente será capaz de recordar todos tus sueños, incluso aquel en el que conducías tu coche, a la hora de la siesta. Ya no te asustará la melancólica luz del atardecer, ni la soledad. La espuma de las olas del mar tendrá voz y se anticipará a tus palabras. Las heridas de tus manos se curarán y no volverás a temer que el frío las insensibilice.

Fantasía

Encontrarás la fuerza en tu deseo indomable. Dejarás jugar libres a las mariposas, pues no son tuyas, tampoco es el hijo de su madre, ni pertenece esta tierra al hombre. Serás feliz sin nada ni nadie. No querrás estudiar el mundo para encontrar tu verdad. Tu centro y tu disciplina… Están aquí contigo aunque no los puedas ver. Olvidarás el ansia de poseer, pues es tu peor enemigo. No serás inseguro, ni necesitarás que Batman vele por tu seguridad, ya que no temerás a la muerte. Envidiarás al gallo y a su vida simple, picoteando el grano, contento con su estúpida rutina. Disfrutarás de tu ilusión, bajo la fuerza de las cataratas. Olvidarás tu reloj y tu ropa. Celebrarás tu vida. Sonreirás ante el ocaso de tu desgana. Tu estrella, amigo mío, brillará por fin, si la enciendes tú. Del frío de tu invierno brotará la aurora boreal que dará paso a las flores de tu próxima primavera. El río que emana de tu corazón les ayudará a crecer. Volverás a sentir el calor de un fuego de colores y el erotismo del amor.

Andarás sereno como gato negro que se pierde entre el silencio de sus acolchadas patitas, volarás enorme y feroz cual extraña ave rapaz y pasearás de noche a solas, a fuego lento, dejando escapar de tus ojos agua bendita.

Cierra los ojos

Los momentos difíciles son necesarios para madurar. Hacen que demos valor a las cosas que realmente lo tienen y no a las que nuestra mente se empeña en idealizar. Nuestro espíritu de lucha y el saber que nos aporta la experiencia llenan el futuro de esperanza. La ilusión vuelve a brillar tras la tristeza, porque el espíritu de las personas nace y muere constantemente mientras estamos vivos. Este escrito simboliza precisamente el renacer de la alegría, describiendo como los días grises van quedando atrás hasta que la mente se empeña en pintar de nuevo el mundo de colores.

El recuerdo, grabado en piedra, de los años de felicidad. De aquellos pequeños minutos. De esos diminutos momentos que enloquecen y entretienen a los hoyitos de las caras de los niños traviesos. Años de felicidad… Así le llaman a la muerte de las rosas, a la comida procesada, a las hojas secas, a los botones cojos, a los geles con parabenos, a los despertadores que no suenan, a los goles del barça, a la fruta inmadura del árbol del secreto, a lo que la verdad esconde, a las cremas de verduras, al zumo de piña y el café con hielo sin azúcar y a los rincones de la inocente y cándida cestita del placer.

Cierra los ojos

Llega el lamento rutinario al paraíso de los problemas y el ruiseñor ya no canta. Se rompen los impuestos invisibles y se observa, en algún lugar, a esa pareja que llora en la distancia, sin piedras en el camino que la separa. Invadida por la certeza, está ciega en un mundo donde no existe el juego, ni la duda, ni el tiempo. Se paran las agujas del viejo reloj. Se reflexiona. Se vuelve a la realidad. El cigarro se consume.

Por fin se pintan los errores en blanco y negro. No se dan los pasos hacia atrás. No es del abecedario la falta de letras. Los bolígrafos tienen tinta. No es egoísta el papel, ofrece espacios. Recupera la guitarra sus mejores acordes. No llora más el centenario sauce. Emana agua el manantial. El interés, la maldad y las máscaras hablan alto y claro. La fábula esconde moraleja. Ya no está seco el riachuelo, brotan las palabras. Llega la casualidad, siente la piel. No puede la cal con la arena. La canción bate sus alas. Dejaron de crear los autores del drama y la fatalidad. La opresión de las pesadillas se pierde entre enredaderas. Las setas se escabullen entre la niebla del bosque. La madrugada andaluza nos brinda ese olor a jazmín. No se llora de pena, sino de risa, la tormenta perfecta. La gangrena del alma nos sirve de inspiración.

Pensando junto al mar y esquivando fantasmas, alguna noche sé surcar estos calurosos inviernos, sortear el turbio averno y atravesar el cielo. Seguir a las sombras que se pierden tras las esquinas. Montar en el barco que jamás zarpó. Soñar así que las flores tienen voz y son capaces de romper el oscuro silencio en dos. Cuando la lluvia cae en pleno agosto, llenando de agua los campos de avena, los sentidos se giran y el deseo se asoma efervescente.

Es hora de ir a dormir. Pero, a dormir… ¿A dónde? A Tossa de Mar, Cadaqués, Formentera, Mallorca, Sao Paulo, Cádiz, o al vasto desierto rojo del Sáhara? Cierra los ojos, ¿Escuchas el sonido de tus pestañas? Contempla conmigo el universo que el pincel de tu imaginación proyecta en las paredes. Tiene vida y crece. Se funde en mil colores y motivos. Se desliza. Se mueve. Se desnuda caprichoso ante ti.

A veces, el ayer vuelve al presente. A veces, y no tan a veces, se te escapa tímida la sonrisa por un sendero de estrellas. Es allí, en lo más alto, donde la luna es feliz y brilla. Puede que no esté llena y que ande sola por este parque, a medias. Pero es bella. Es tan bella. No sabría decir porqué, pero he empezado a pensar que brilla, y que es bella. Más que ayer.

Agosto

Cae la noche, Agosto. Cálida, espesa y queda. La inquietud, la incertidumbre, se difuminan al son de tus latinas caderas. Por fin estás conmigo, Agosto. El sol habla, la luna invita. Efímero, fugaz y majestuoso, brillas. Das color a las mejillas. Te derrites, hierves y enfureces. Te calmas, meces y entristeces. Despiertas, mimas y enloqueces. Eres domingo y eres lunes. Tan pronto enamoras, como huyes. Y yo te echo siempre de menos.

Agosto

Memoria del deseo eres en el cruel invierno. Hoja que muere melancólica en otoño, y en primavera un camino de jaramagos y amapolas vespertinas. Acaricias y estrías las nubes a lo lejos. No sé si sueñas, Agosto. Qué sé yo. El misterio es eterno en tu semblante y tus ojos arden en llamas. Das vida a las formas. Por ti germina la imaginación en las esquinas de esta gran ciudad. La risa te duele y el dolor te da vida. Eres norte y eres sur. No eres nadie y eres ÉL. Ángel y demonio, el más surrealista unicornio. Lobo con piel de cordero. El enemigo más certero. Eres bello como las mariposas, Agosto.  Fuerte, débil, y tan distinto…

Hermoso como el atardecer

El alma del verano seguía en sus adentros. Sin embargo, una suave brisa otoñal barría las hojas que caían al suelo presas de la gravedad. Siguió las huellas de sus instintos y pegó un salto, se puso una sudadera gris como las hojas de los Eucalyptus cinerea que encontró en su armario y echó a correr. El viejo sol ya arrojaba sus últimos bostezos para dar paso a la fría noche. Sonó un estruendo, relámpagos y truenos comenzaron a hacer acto de presencia. Nubes negras se cernían sobre el lugar. Salió corriendo ya empapado por aquellas calles desconocidas, su destino hacía rato que le había tomado ventaja. Los cipreses chorreaban litros y litros de agua en forma de desconsolado llanto.

No sabía dónde se encontraba, ni tan siquiera el sentido de su camino. Algo o alguien le estaba esperando en algún lugar, la noche se lo había dicho al oído. La fuerza de los sueños y las estrellas fugaces hacían que su ilusión y su imaginación movieran montañas. Su cuerpo, antes blanco y sin lunares se volvió dorado como el sol y con algunas pecas. Nadie le había obligado a mover ninguna ficha de su ajedrez personal, era como si el destino quisiera que se perdiese en un campo de buganvillas, pinos blancos, jacarandás, cerezos y olivos rodeados de rosas rojas. Desconocía el carácter de su visita a aquel nuevo lugar, pero una sensación de cosquilleo le llevaba al corazón de la mismísima Virgen María.

Angel caido

De pronto, entre aquel terrible diluvio, un ángel negro se refugiaba de la lluvia con sus tímidas alas. Apocopado, algo inseguro y reflexivo, aquel ser logró llamar su atención. Él era la llave de toda puerta mágica, de toda nueva historia, de toda nueva experiencia. Pero no era tan fácil, con descifrar el tacto de sus manos, el sabor de su boca, la profundidad de sus miradas o la empatía al entender sus argumentos o anécdotas…no era suficiente ¿Cómo saber la forma de llegar a su interior?

Hay quien dice que si algunas cosas tuvieran una explicación, no existirían. Guiado por un camino de romero, entre las sinuosas sendas de la incertidumbre, únicamente había algo que tenía claro. Aquel ángel formaba parte de su mundo onírico desde antes de verle allí, pensativo, misterioso y taciturno, pero hermoso como un atardecer en el mar.

Textos de amor de autores famosos

Y para terminar, un listado de textos de amor escritos por autores famosos.

Poema XX, de Pablo Neruda

Lago

El tema principal de este poema es el desamor. Neruda describe magistralmente los sentimientos de incertidumbre, dudas, dolor y rabia tan característicos del momento en el cual una persona intenta olvidar a alguien y no lo consigue: “Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.”, o “Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos, mi alma no se contenta con haberla perdido.”

Cabe destacar cómo el autor recurre a la naturaleza (los árboles, el viento), a través de recursos literarios como la prosopopeya o personificación, para dar vida a lo que siente: “El viento de la noche gira en el cielo y canta”. Por otra parte, el poeta nos cuenta que echar de menos a su amada le sirve de fuente de inspiración: “ Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella. Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.”

Para terminar exponemos nuestra lectura personal de los siguientes versos:

“La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Cuando el amor que un día fue correspondido se marcha, nos invade la melancolía y la nostalgia. Resulta difícil aceptar que ya no existe esa parte tan íntima que hace diferentes a los amantes. La noche vuelve a hacer blanquear los árboles, pero la magia del amor que un día la envolvió ya no está, se ha ido. Ya nada importa. Todo es distinto y ellos, de alguna forma, sin aquel amor, también lo son.

Poema XX

“Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.»

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

“20 poemas de amor y una canción desesperada”, de Pablo Neruda.

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